Nos caemos con nuestras propias zancadillas

Estaba el otro día viendo Onda Jerez, cadena de televisión que sigo bastante a menudo, en concreto el programa que emiten por la noche -que no recuerdo ahora el nombre- presentado por la guapísima Mercedes Núñez -de quien me considero fan fatal- y, al pasar a publicidad, me llamó la atención uno de los spots. Se trataba de un anuncio relativo a una gimnasio sólo para chicas, un tal Gimnasio Únicas.

Ciertamente, no sé qué tiene de especial montar un gimnasio sólo para mujeres, o lanzar al mercado un coche o un móvil sólo para las féminas. Me parece un atraso enorme el marginarse, el buscar en la sociedad un espacio sólo para ellas. Se trata de todo lo contrario, de buscar la igualdad, pero entre todos y todas.

Las mujeres que compran esos móviles, o esos coches o, sin ir más lejos, se apuntan a ese gimnasio, ¿se han parado a pensar qué beneficio les aporta hacerlo? ¿Se han parado a pensar que en pleno siglo XXI ese tipo de iniciativas no tienen contemplación alguna? ¿Se han parado a pensar que existe un coche, un móvil y un gimnasio mixto, que no fomenta el sexismo?

El mercado, está claro, tiende a especializarse. Las grandes marcas lo saben y lanzan un móvil, como otro cualquiera, pero con un espejito, según dicen, para que ellas se miren cuando se maquillan. Por favor…

Y, lo peor de todo, es que existe una demanda. Hay mujeres que compran el dichoso móvil, el dichoso coche y se apuntan al dichoso gimnasio. Por lo tanto, ésto no ayuda para nada a conseguir el objetivo que nos hemos propuesto un montón de personas en el mundo y, sobre todo, que no sean las propias mujeres las que pongan las zancadillas.