Cada uno con su Revolución

Yo, por estas fechas, me siento muy Gonzalista y, este año además, INMORTALISTA y para nada me importa reconocerlo. El hecho de sentarse delante de un folio en blanco y escribir esa jartá de letras que ponen el vello de punta -tal y como me lo pusieron anoche, el pasado miércoles y en el ensayo general- me parece un ejercicio admirable. Cada uno a su manera, formamos parte de ese puñado de personajillos, mindundis que nos empeñamos en no seguir al rebaño, a expensas de que nos señalen por la calle, expuestos a esas miradas de los que ven en nosotros a unos enemigos públicos, bien cegados por su carné de mierda de militante o bien porque realmente son ciegos y tan sólo se guían por las indicaciones de dos o tres pardillos.

Pero volviendo al amigo Gonzalo Amarillo y a su agrupación de músicos y mujeres con dos cojones bien puestos, porque aunque no lo creáis esta entrada habla de Carnaval, a mí no me cuadra que el público grite CAMPEONES, CAMPEONES! -lo hicieron el miércoles y lo hicieron anoche- y el jurado desplace a las Inmortales hasta un segundo premio. Un ejemplo claro de que el Concurso de Agrupaciones de Carnaval de El Cuervo tiene un nosequé que desprende un leve olor  a nosécuánto. Y por si me quedaba alguna duda, el hecho de que las agrupaciones tengan que entregar las letras a la Organización antes de su actuación, tan sólo me confirma que ese leve olor es a mierda. ¿O acaso alguien cree que la disposición de los premios fue justa?

El nivel -en música, letra, afinación y tipo- que han subido este año las Inmortales al escenario del Teatro está muy por encima de todo el resto, sin menospreciar a ninguna agrupación, faltaría más, pero lo que está a la vista no necesita candil. Siento que sea yo el que lo diga y el resto sólo lo penséis.

A mí, sinceramente, las medias tintas no me gustan. Aquí o se gana o se pierde y, un año más, la agrupación de Gonzalo Amarillo y José María Cala ha ganado y lo ha hecho en el Teatro (que no tiene nada que ver con el Concurso), lo hará en la calle y lo hará en los pubs.

Desde aquí, desde este pequeño rinconcito de uno que no entiende de Carnaval, pero sí de sentimientos, rabia, humor y crítica, animo a Gonzalo Amarillo -aunque sé que no hace falta que lo haga- a que siga enfundando su bolígrafo como hasta ahora, con letras que generan el desprecio de los mencionados y el apoyo del pueblo, a José María Cala por tan magnífico trabajo en la música, en el ritmo y en las voces de las niñas. A Manuel Romero para que no se le ocurra largarse de nuevo. Podrá faltar un componente y se repondrá o un guitarra y se repondrá, pero si falta el punteo de Baggio, la agrupación se queda sola. Y cómo no, animar a LuisMa y a las chicas a que continúen sacando lo mejor de ellas, por sus voces, por no callaros, por incomodar tan brillantemente a los aludidos y por hacerme sentir único cada vez que os subís a un escenario.

Cada uno con su revolución, estamos obligados con nosotros mismos a no callarnos por mucho que nos insistan.