Las políticas de brazos cruzados

Hace unos años, tuve un profesor que impartía la asignatura de Auditoría que no hacía más que aconsejarnos sobre lo que nos íbamos a encontrar cuando accediéramos al mundo laboral, puesto que estábamos en nuestro último año. Nos decía una y otra vez que cuando lleváramos un tiempo en alguna empresa y sintiéramos que ya lo habíamos aprendido todo, que ya nuestro trabajo se hacía una rutina y que empezábamos a odiarlo, que nos fuéramos inmediatamente. Que dejáramos esa empresa para buscarnos otra o que, al menos, cambiáramos de puesto de trabajo, porque acabaríamos perjudicándonos a nosotros mismos. El tío sabía lo que decía.

La cosa se complica cuando de tus decisiones y formas de actuar y trabajar dependen otros. No estamos aquí para pertenecer a una empresa eternamente. Tenemos que saber hasta dónde podemos llegar y cuál es nuestro final. No esperemos a que nos echen o a que acabemos contrato, por ejemplo.

Todo ésto lo podemos trasladar a la política. Pienso que un político tiene que saber hasta dónde puede llegar. Cuál es el final de su carrera política, sin esperar a qué ocurrirá en las próximas elecciones. Cuando el día a día se ha convertido en una rutina, cuando ya no hay motivación y cuando ya lo tienes todo visto, lo mejor es abandonar para no acabar contaminándolo todo. Pero claro, no sabéis lo bonito que es encontrarse a final de mes con tres sueldos. No penséis mal, yo tampoco lo sé, de hecho, este mes ni siquiera sé lo que es meter en casa uno completo, puesto que estamos a 22 de Septiembre y sólo me han pagado la mitad. Será porque alguien no está haciendo bien su trabajo. Pero no nos desviemos…

Políticos con dos cojones ya quedan muy pocos. Aquellos fieles a sus principios e ideologías se cuentan con los dedos de las manos. Precisamente, porque la política ya no es la fuerza que mueve un pueblo. La política se ha convertido en un trabajo y, en la mayoría de los casos, muy bien remunerado y muy poco controlado. Por lo tanto, aquellos políticos asqueados, desganados y con pocas ganas de hacer algo, mucho me temo que estarán hasta finalizar la legislatura o, quién sabe, igual les dan la oportunidad de seguir adelante. Caso omiso harán de las palabras de aquel profesor que tuve. Se limitarán a sentarse en su sillón y a cruzarse de brazos.